Síndrome del cuidador

El Burnout o Síndrome del Cuidador

El Burnout, al que también se le puede llamar de manera más coloquial síndrome del cuidador, es un desgaste tanto físico como emocional en el cuidador que acaba manifestándose en un cambio de comportamiento. Este síndrome suele manifestarse especialmente en personas que trabajan atendiendo o cuidando a terceros, como puede ser el caso de profesores, cuidadores y personal sanitario.

¿Por qué podemos experimentar Burnout?

Al trabajar cuidando a otras personas, el contacto continuo puede acabar generando altos niveles de estrés. En el caso de los cuidadores el estrés puede darse ocasionado por quejas, exigencias, demandas o reproches de la persona a la que cuidan.

El cuidar a una persona no es el único factor, la responsabilidad del cuidado  exige al cuidador altos niveles de concentración y atención que pueden traducirse en altos niveles de estrés.

Otros factores como las largas jornadas de trabajo de los cuidadores y el cuidado constante son otros factores que a la larga acaban empeorando más la situación.

¿Cuáles son los síntomas?

Los síntomas que hacen visible el Burnout en las personas pueden ser tanto emocionales como físicos.

Al hablar de síntomas emocionales se hace referencia a cambios en el estado de ánimo que provocan irritabilidad o indiferencia, pérdida de ilusión y motivación que provoca una monotonía a la hora de realizar las tareas, y agotamiento mental que ocasionará un rendimiento menor a la hora de hacer las tareas.

Si el Burnout persiste en el tiempo, a largo plazo puede causar deterioro cognitivo en las personas, que puede manifestarse en pérdidas de memoria, falta de concentración y dificultad a la hora de adquirir nuevos conocimientos.

A nivel físico, el síntoma principal es el agotamiento, que se puede traducir en dolores musculares, además de problemas psicosomáticos como el dolor de cabeza, mareos, pérdida de la libido, obesidad, etc.

¿Cómo podemos evitar el Síndrome de Burnout?

La principal manera de evitar el Burnout es no olvidar dedicarse tiempo a uno mismo.  El cuidador no debe olvidarse de sí mismo, se ha de preocupar por tener una alimentación adecuada, e intentar realizar ejercicio físico, además de por todos los beneficios que produce a nivel físico, para despejar la mente.

El cuidador también ha de realizar descansos a lo largo de su jornada, y si es posible, que sean fuera del ambiente donde está realizando los cuidados, así como, tener su descanso semanal fuera del contacto directo con la persona a la que cuida. El hacer planes con amigos, familiares o pasar tiempo en pareja han de ser las prioridades para el tiempo libre.
El fomento de la autonomía de la persona dependiente proporcionará beneficios a ambos, dado que el cuidador no tendrá que realizar absolutamente todas las actividades y la persona dependiente no se sentirá frustrada por no poder hacer nada.

El cuidador ha de tratar de poner límite a las demandas de la persona que cuida sin que por ello se sienta culpable. La persona también ha de intentar poder expresar sus frustraciones y sentimientos con alguna persona de confianza para que esto le sirva como válvula de escape.

Que el cuidador tenga un mayor control de la situación le ocasionará una menor saturación, esto se puede conseguir realizando una planificación de los objetivos que se quieren conseguir o realizar con la persona a la que está cuidando.

En Domestic Care disponemos de una amplia base de datos con perfiles de cuidadores con formación y experiencia tanto para la tercera edad como para personas dependientes y con diversos tipos de enfermedades.

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